INCLUSIÓN Y BARRERAS COMUNICATIVAS: ACCESO, PERMANENCIA Y PARTICIPACIÓN EN LA EDUCACIÓN DE LAS PERSONAS SORDAS

30.09.2020

 

En nuestro país, estamos al debe en cuanto a la inclusión de las personas sordas en el ámbito educativo, ya que es una urgencia el desarrollo y adquisición de la Lengua de Señas chilena, desde una primera infancia, que permita recrear el mundo en diferentes contextos en que la persona sorda se desenvuelve.

Desde niño, la persona sorda vive un aislamiento, en el cual se sienten excluidos, incluso, por su propia familia. Ello incide en el poco desarrollo anímico y de valores sobre la lengua de señas, ya que esta es considerada su primera lengua adquirida, tal como una persona nace oyente y adquiere su primera lengua que es el español, mediante la captación de sonidos y así obtiene el proceso lingüístico, en lo referente a la persona que nace sorda, ella adquiere un lenguaje tipo viso-gestual, lo que transforma un proceso para desarrollar la comunicación.

En este marco, se establece que debe haber un compromiso Estatal de proteger los derechos lingüísticos de la comunidad Sorda y la necesidad de desarrollar políticas lingüísticas inclusivas que propendan a la construcción intercultural, en relación simétrica comunicativa entre una cultura oyente y una cultura Sorda, lo cual constituye una tarea pendiente del Estado de Chile y un reto para quienes presentan esta discapacidad.

A raíz de la creación de los Derechos Humanos, y por ende los derechos en todos los ámbitos, se genera los derechos lingüísticos, que se forma por el respeto a las minorías lingüísticas. La comunidad Sorda es una minoría lingüística, usuaria de la Lengua de Señas y la promoción de los derechos lingüísticos se orienta hacía la forma en cómo se reconocen las minorías lingüísticas dentro del dominio público e implica su reconocimiento en áreas formales dentro del Estado, ampliando su participación dentro de un territorio.

Sobre la educación en Chile, no están arraigados los derechos lingüísticos que tiene la Lengua de Señas como patrimonio de la comunidad Sorda. En Chile, el punto de enunciación para la aplicación de las políticas de educación para las personas Sordas se proyectó desde un modelo médico, el cual se centró en el método oralista. En este sentido, la educación del/la Sordo/a con diferentes métodos de comunicación basados en la lengua auditivo-vocal, es entendida como una agresión lingüística en la forma más básica de la dignidad humana: la lengua. Por lo tanto es importante saber que en la educación se debe respetar la lengua materna del niño sordo, que en este caso es la Lengua de Señas, entendiendo que su adquisición y desarrollo se origina con interlocutores nativos de la Lengua de Señas o bilingües y no en terapias médicas.

Ante esto, el Estado debe asumir la plena responsabilidad de respeto y protección de los derechos lingüísticos en pro del conocimiento y aprendizaje de la sordedad para el uso de la lengua materna que posibilita la construcción de sujeto que desarrolle un pensamiento complejo en todas sus dimensiones, así como el acceso a la Lengua de Señas en el vocabulario pedagógico durante el proceso de educación inicial, básica y media que soporte las demandas de la educación superior a la cual aspira. De esta forma, se instala la necesidad de unas políticas lingüísticas inclusivas que abarquen a la población sorda como sujetos de derechos y deberes. Por tanto, se debe considerar el respeto lingüístico desde la primera infancia, en espacios de adquisición y desarrollo de la lengua, y, asimismo, en los diferentes contextos que transita, como son: educación, salud, ocio y tiempo libre, entre otros.

Ricardo Araya

Activista Sordo

Instructor de Lengua de Señas

Secretario Agrupación de Sordos de la Serena, ASOSER

Secretario Nacional Asociación de instructores sordos en Lengua de Señas UNIDOS A.G.